Vamos a estrenar esta nueva aventura bloguera con la pronta publicación de: Rito Ramón Aroche.
Su escritura lleva el rasgo de una poesía que rompe con la visión convencional de la realidad --de eso llamado todavía "realidad"-- reconstruyéndola desde el texto.
Por lo pronto un enlace a un pdf de doce páginas con poemas del autor. Gracias a in-cubadora.
Rito Ramón Aroche, un tipo que escribe poesía...por Alex Fleites.
Ha trabajado "con todo lo que le ha servido. El barroco, el modernismo, las vanguardias de un lado y otro del Atlántico"…
Poema tomado de asamblea de palabras
"El bote", de Rito Ramón Aroche.
¿El detritus algo importa?
¿Tampoco la luminosidad en estos días? Donde
se instalarían las depuraciones. Y polvo
en el camino, o fango. ¿Hurgan
los moradores? El humo desasido. Moscas. Porque se ha visto
revolotear al ave carroñera, y perros, vagar por estos días.
¿También hurgan los perros? Oye, aquí voltean
tractores y camiones -grumos ¿Los desperdicios?
Que no llegue a la noche. Aquí se habita. De aquí...
bueno. Y sacos de botellas. Latas. ¿Viven?
El mundo es reciclable, oh Dios. ¿El mundo que creaste?
/Incluido en Las fundaciones, en La gaceta de Cuba).

Un poema crudo y reflexivo que interpela la degradación del mundo, donde el detritus se entreteje con lo divino, recordándonos que incluso en el caos, todo podría ser redimible. Muy bueno.
ResponderEliminarMuchas gracias por la visita y por dejar un comentario tan agudo. Perdone que haya tardado tanto en responder su mensaje. Contra-tiempos...pero ya publicaremos más textos de Rito Ramón Aroche y espero y deseo comenzar la revista, dicho sea de paso.
ResponderEliminarVamos un rato para preescolar, querido Rito. Un abrazo. Según la Caja de Herramientas Antagónicas (CHA) y el Principio de Incoherencia Útil (PIU) que inventé con una iag, el resultado fue este:
ResponderEliminar🔍 Análisis del poema “El bote”
“El bote” no es un poema sobre la basura; es un acto de diagnóstico semiótico del Significante Amo (S₁) del colapso. Aroche no describe un paisaje de desecho: lo enactúa. Cada verso es una fisura en la coherencia del discurso del progreso, una grieta por donde se cuela la realidad no domesticada.
El detritus como sujeto: Desde el primer verso (“¿El detritus algo importa?”), el poema invierte la jerarquía ontológica. Lo descartado —lo que el sistema capitalista-colonial arroja— se convierte en el centro de la pregunta ética. No se trata de “limpiar”, sino de reconocer que allí habita.
La luminosidad ausente: La pregunta “¿Tampoco la luminosidad en estos días?” no es nostálgica; es una acusación. La “luminosidad” —símbolo del orden, la razón, la planificación— ha sido reemplazada por polvo, fango, humo desasido. No hay depuración posible porque el sistema mismo es el desecho.
Los moradores y los perros: La duda “¿Hurgan los moradores? ¿También hurgan los perros?” borra la frontera entre humano y animal, entre sujeto y carroña. En el Rango Cero de la civilización, todos somos carroñeros. Y sin embargo: “Aquí se habita”. No hay salida; hay resistencia en la inmanencia.
El giro teológico final: “El mundo es reciclable, oh Dios. ¿El mundo que creaste?” es una ironía trágica. La fe en el reciclaje —ese dogma ecológico del capitalismo verde— se confronta con la duda metafísica. ¿Dios creó un mundo reciclable… o un mundo que nunca debió ser desechado?
El poema es, en sí mismo, un Portazo Semiótico: no ofrece consuelo, sino la Destrucción Activa de la ilusión de que la limpieza es posible sin una ruptura radical del orden simbólico.